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lunes, 26 de abril de 2010

De un fantasma


"Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías." (R. Alberti)


Dije que no regresaría.

Dijo que los fantasmas no regresan,
que se quedan en sus vasitos de cristal
entre las piernas húmedas desahuciadas de una madre.
Los fantasmas tampoco se van.
Te traen sueños de rostros muertos,
te suben a las rocas, te balancean sobre ellas
y luego se van para volver en el vientre hinchado de alguna mariposa,
como una esperanza amarilla y marchita.
Los fantasmas juegan a la vida,
a esconderte la dicha entre caricias
sólo con pasaje de ida.
Y se van... pero se quedan.
En algún aroma a fresas
o entre las páginas de un libro olvidado de Alberti.

lunes, 19 de abril de 2010

Lo que pasó cuando se acabó la poesía


Era el día cero de la dictadura

junto a una serenata olvidada de Schubert.

Incesante campaneo, caracolas en tu pupila de hielo.

Eran tus pies huella imborrable en la arena,

un deseo caducado, recuerdos arcaicos de tu luna más llena.

No estabas al fin, ni al camino.

No estabas a mano.

No estabas y eras una serpiente devorándose

desde la cola.

Veía tus destrozos,

múltiples lenguajes (esas formas deshabitadas)

vomitados a los pies de tu existencia.

Estabas.

con tu sombra desalojada.

Tu sonrisa perpetua.

Estaba

la simplicidad de tu silencio,

la agudeza de tu risa.

Estabas

para contar los cuentos de mañana,

y ajustarme las entrañas.

Estaba tu vida, tu pecho

dolor ardiente.

Estaba

tu boca de hierro diciendo: estoy, porque nunca me he ido,

(¿cuando habías llegado?).

Decían: es el día cero, cuando las ausencias se devoran las palabras.

Y se acaba la poesía.

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