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domingo, 17 de junio de 2012

La lluvia

El paisaje se oscurece, no así la fe del amor. Llueve, es cierto, llueve y la ciudad hoy tiene la cara lavada. Pasa algo por aquí y por allá. ¿Por qué sentimos miedo de la lluvia? ¿Por qué sentimos miedo de la transparencia, de desmaquillarnos la falsa sonrisa, la máscara que nos ponemos a diario?
Hoy pintaré un mandala azul. 
La lluvia no es azul, pero hoy el amor tiene ese color, el color de los ojos del lobo, que también es el color del recuerdo:

Una fuerte lluvia nos azotó áquel día y tan sólo el amor nos movía de un lugar a otro, de un mar a otro mar. Teníamos el corazón tan limpio que no podíamos dejar de besarnos. La luz del amor nos hermoseaba el sentimiento y anulaba las sombras de la distancia. 

No encuentro momento más puro en mi memoria que ese junto a ti. Yo era un pájaro nacido en jaula y tu tuviste la suficiente convicción de abrir la puerta de mi prisión.
Hoy llueve, como aquel día en que me liberaste y salvaste con tu amor. 
Hoy llueve y sé que soy libre para amar, para soltar, para besar, para volver a entregar.
Para seguir queriéndote y abrazándote.

Por eso, hoy pintaré un mandala azul que me recuerde tu mirada.
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