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viernes, 1 de mayo de 2009

El lobo que habita en mi ventana

Tu lobo come siempre en la amorosa caricia de mi mano...






Lobo,
escurridiza estrella
de fugaz presencia.
Aullido lunar
en noches de silencios
ahogados y abismales.
Gemido antes de la muerte
y el llanto cuando la vida
nos abre sus puertas húmedas y
sangrantes.
Lobo,
loco arcano y ancestral
niño que aún no aprende
a andarse en sus pequeños pasos
y siempre va acechando por más.
Lobo,
terrorífica imagen superpuesta
en la mente infantil
y cálido amante de lunas llenas
que clama y aúlla desde la entraña
más dolorosa de la tierra.
Lobo herido,
lobo sueño,
lobo noche, causalidad.
Lobo adentro,
lobo afuera
mordiendo espacios a los que nadie llega.
Lobo misterio y hambrienta soledad.




lunes, 13 de abril de 2009

Noches lobas II


¿Caperucita acechando al lobo, o es sólo, tan sólo, una noche de perros con aullidos de lobos?








Muerde, muerde mis caderas, la frágil espiga de esta que ya no soy.
Átame el silencio a la voz de tu recuerdo y lléname el vacío cereza, penétralo tanto de tu lengua, que nunca más logre pronunciarte entre labio y boca. Algo exquisito se produce cuando dejo de pensarte y te vuelves real hacia mi y me sacudes los prejuicios y sarcasmos que habitan dentro de esta anciana niña y gris.
Afianza mi deseo con cadenas, cierra los extremos de las esferas que nos engañan y nos mantienen alerta. Entrégate feroz y sombrío a la doncella indolente que habita detrás de la poesía.
Sabes que me gusta el exceso y abundancia de tu mirada, así como la del cigarrillo que se posa en tu boca, humareda destilando humedades y arrastrando nuestra carne hacia el ocaso de una noche loba que no calla, que se viste de niebla y lluvia, de chillidos sin queja.



Vuélveme hacia el infinito y embriágame de caudalosos ríos. No me importa la luna ni su incesante poder oblicuo, ni su pureza albina, ni su mortecino hechizo. Sigue navegándome, que yo seré toda marea tuya, ola incesante que no se cansa de nacer y morir en tu playa.


Imagen: Jan Saudek

domingo, 18 de enero de 2009

Noches lobas






Lo espero indolente, diciendo una única plegaria, secretísima esfera que se redondea y agiganta en mis manos de infanta florecida, coronada y desnuda ante sus ojos hambrientos de lunas llenas sin menguantes. Lo espero y llega, aúlla, se instala en mi cuerpo, rodean sus colmillos mi cuello, sus garras se apoderan de cualquier voluntad de sobreviviente, me lanza su mirada salvaje y me deja solitaria en medio de los sonidos del amor, entre las humedades y jadeos de la pasión impedida. Deja en mi cuerpo la huella del descalabro; como un huracán devastador, arrasa con mis flores, deshace las coronas y se cuelga a mi plegaria para que vuelva nuevamente a la noche, a los misterios bosquecinos de su mirada, al placer de su cacería, de saberme deseada.



Yo, presa indomable, me entrego a la noche regurgitada, lo espero como se espera a la muerte, recojo flores del césped, me corono de inocente y comienzo otra vez mi plegaria de niña florecida y cosechada, de luna sin menguantes, llena, llenísima de su aliento salvaje en mi espalda.



Imagen: Personal

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