Me vacías como a una copa. Soy el vino
aspirado entre tus labios.
Estoy muerta.
Me apago como el día a día.
Como la luna al mediodía estoy muerta. 
En mi última hora me redimo en mis pensamientos,
totalmente absorta
–absorbida-
por mis involuntariosas ganas de lenguaje,
ese deseo tan negado
que se asfixia hoy entre mis manos
y cae al
v
a
c
í
o
¡tan vacío!
de mi adolorida existencia.