
Las cúpulas cerradas de la noche.
La puerta abatida de esta habitación desnuda.
Mis labios clausurados de besos.
Mi cuerpo apagado de cualquier sed desértica.
Indómito es este instante
recuerdo
nostalgia
lejanía
de la saciedad de tanta necesidad.
Inútil es inventariar el hambre y sus desvanecimientos.
Sería como esperar la misma necesidad de ternura de un perro
o el frescor de un pájaro y su vuelo
rozando las fibras más sensibles de la falta de caricias
que no llegan, que nunca llegaran a destino ni a piel.
Imposible pronunciar con sonidos, con grafismos
el dolor de este arrebatamiento de la presencia tan desvanecida ya.
¡Cuán inesperado e incauto es el deseo de la ausencia!