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sábado, 10 de enero de 2009

La verdad en el bosque de las maravillas






El lobo del bosque yace
como las piedras bajo el mar,
ya no puede devorar las palabras
que lo llevan hacia la casa del placer
y el pecado de querer ser quien no es.
En realidad, siempre soñó con ser como Caperucita
– inocente y liviana –
pero hay instintos
que no pueden doblegarse
y cuando la saliva comienza a abundar,
se corroe hasta el más profundo anhelo.
La abuela dice que siempre supo la verdad,
le gustaba el juego de esconderse en el armario
o dejarse atrapar.
Igualmente, al final,
todos fueron devorados por el anhelo y la realidad.
Caperucita ya no camina en el bosque
sin el resguardo policial,
aunque se sigue dejando seducir, a escondidas,
por algún animal;
la abuela, ahora sí
verdadera presa del abandono y el olvido,
espera impacientemente en el umbral de su puerta
lo que nunca llegará,
mientras que el lobo,
en algunas tardes de deseo animal,
extrañamente sigue esforzándose
en intentar ser lo que nunca será:
oveja, abuela o caperucita,
da igual,
no quiere darse cuenta
que la historia ya llegó a su final.


Imagen: Internet
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