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sábado, 10 de enero de 2009

Poética






¿Quién es la que está dentro?
¿De qué murió la niña feroz y sombría,
nunca vista por el viento ni los ojos de la vida?
Quién habita en sus manos,
espejos de piedras tan sangrantes de nada,
tan heridas de nada, tan nada.
Quién se olvida en su memoria de pájaro enjaulado,
invisible alado.
Niña,
¿de qué sirve el dolor de no ser
y ser la que sufre?
No puedes perpetrar sonrisas.
Siempre vuelve con un volver de navajas y sal,
con un ardiente amor,
milimetrado amor de segundos hacia la eternidad.
Siempre vuelve con púas,
con hierro quemándose al borde de la piel,
como cascabeles dentados haciendo del ruido
un tambor de silencios de dentadura punzante también.
¿Para qué sirve el silencio?
Sólo para hacerlo y romperlo.
No escuchar es silencio. No ver es silencio.
Ausencia es silencio y todos gritan a su alrededor.
La niña ya está muerta
y nunca nadie la vió morir en su muerte,
porque huyó opacada por la brillantez de su poema
y ahora yace, florida y hermosa,
en el desierto de las palabras desconocidas.


Imagen: Tomada de internet

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