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lunes, 15 de junio de 2009

El Perfume del Papel






No sé por qué hoy le escribo, pero le escribo, intentando ser un poco Yo también. Usted conoce mis máscaras, sabe cómo juego con mis lenguajes, sabe que me gusta desafiarlo y quizás por eso hoy quiero estar aquí, diciéndole algo a la distancia, recordando esa poesía que lo hizo enojar, pero que creo, hizo que viera algo especial en usted mismo y en mí.
Se lo dije ayer, se lo digo hoy, se lo diré mañana también: me gusta cuando es usted mismo, me gusta lo que resulta de esa conjugación que hace con su confusión y su realidad que a veces le atormenta. Recuerdo áquel primer desafío, que no sé si fue de su parte o mía o surgió como ha surgido todo entre nosotros, pero recuerdo muy bien que se molestó o se desengañó o no sé qué, pero algo sucedió cuando leyo "como el tiempo de los gatos negros sobre su tejado de mármol". Tampoco sé muy bien que quise decir con eso, más bien, no sé muy bien que quise decirle a Usted, especialmente a usted... pero sin duda, intente nombrarlo y quizás molestarlo, remecerlo... no lo sé.
Luego fue la desnudez de su pie, esa honestidad de mostrarse parcialmente confuso, diciendo y no diciendo, develándose y escondiéndose. De ahí surgió este cádaver exquisito, que vuelvo a compartir con usted:


No fue una ofrenda tu beso.
No tienes mas pruebas de que escribes desde adentro,
porque casi escribes como si estuvieras soñando o volando.

Y a mi me gusta esa simpleza, esa simpleza tan tuya.

Querías llegar desde algo sensual
como mi pelo,
hasta que necesitas que sonría,
aunque te falte saber de mi mirada,
que también sonríe y habla (...)

Cuando quiera que seas el que no eres,
te lo diré... y aún así, sé que no lograré nada.
Es tu condena ser quien eres.
Como la verdad.
Como nuestras propias verdades.
Como la verdad de la cordillera...
La cordillera que, alguna vez,
alguien pudo verla como un muro inseparable,
y luego se transformó en un cálido camino...
Y es así que aquí estamos,
entre lo inmenso de la altura intrazable,
y lo simple de un camino que cruza
lo dulce y
lo amargo(...)

Ayer, cuando leí su blog "El Perfume del Papel", me encontré nuevamente con Usted. Y me gustó reconocerlo, me gustó que sea quien realmente es en esas letras. Me conmovió, me sorprendió... y por qué no, también me entusiasmó a escribirle nuevamente. Me alegra su cercanía y que siempre esté por aquí, a pesar de nuestras mutuas distancias, mares y cordilleras, a pesar de que seguimos poniendonos tejados de mármol. Siga desnudando su pie, siga siendo siempre, usted mismo.


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