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domingo, 12 de julio de 2009

Pertenencias


Destruiré tus ruinas,

tu gran ciudad,

esa puta calle que

te asfixia la boca

de vapores malditos,

de versos malditos.

Te daré el símbolo

de la verdad,

por esta vez, nada más.

Será tu recompensa

por mirar más allá,

por subir mi falda ancha

de resquemores y fracasos;

por morderme la esperanza

como morderías un durazno,

como morderías mis labios.

Es así que aprendo a ser pantera

y a ocultarme tras tus pasos

de hombre-oscuro,

de hombre-lobo,

de hombre con hambre

de hembra oscura

y con filos en sus dedos.

Hembra de ojos secos

y vientre mojado.


Desarmaré tu camino

te guiaré por las ruinas

que no avisan de bifurcaciones

ni precipicios.

Fingiré ser el aire durante

tu caída a mi reino

de panteras aladas

que sustentarán tu abrazo.

Construiré escaleras

para llegar a tus tobillos

y hurguetear en la fiebre

de tu hombría-lobería.

De ser necesario, seré la poesía,

me quitaré las ligas de la vergüenza,

las medias caladas del descaro

y te abriré las puertas

de esas zanjas hechas para

el torrente de tus ríos.


Abre la boca

y cierra las manos,

esta será tu recompensa

por mirar tanto:

El cáliz de mis pechos,

el vino de los poetas,

la sumisión de mis piernas,

el esplendor de mis caderas.

La lluvia hirviente que abrirá

tu corazón a dulces zarpazos.


Tómalos,

Bébelos todos.

Son tus pertenencias.


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