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domingo, 27 de septiembre de 2009





Me vacías como a una copa. Soy el vino
aspirado entre tus labios.










Estoy muerta.





Me apago como el día a día.
Como la luna al mediodía estoy muerta.









En mi última hora me redimo en mis pensamientos,
totalmente absorta
–absorbida-
por mis involuntariosas ganas de lenguaje,
ese deseo tan negado
que se asfixia hoy entre mis manos
y cae al






v









a





c




í




o










¡tan vacío!
de mi adolorida existencia.

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