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martes, 1 de noviembre de 2011

A J. C.


1
Los relojes rompen el tiempo,
los pasados instantes
tatuados en tus ojos
verde cambiantes.
Preciosos instantes
enclavados en los relojes muertos
de nuestra historia,
ya sin horas,
ya sin letras ni números
pero igualmente latiendo
en las pulseras del mundo.

2
Los relojes rompen el tiempo
y en su tic tac silencioso
la nada ocurre y pasa.
Y aún estamos ahí,
tendidos a la sombra
provocada por el reposo
de nuestros cuerpos,
con los pies descalzos
de tanto caminar a través
de la luz del lenguaje.
Entonces, tu voz muerte
me despierta,
me encuentra,
me rescata.
Todas tus voces
desafían la oscuridad de mi silencio
para renacer en tu palabra viento,
exhumar mis torpezas y volar
nuevamente
hacia la que fui.

3
El mundo retoma la mecánica
de los relojes.
Los segundos susurran nuevamente
tic tac
tic tac
resuenan invisibles
invencibles
seguros de que el mundo ya nunca más será el mismo,
ignorantes segundos
de que nosotros permanecemos
incólumes,
inamovibles
justamente allí,
en ese trocito de recuerdo,
retozando la vida toda,
escribiendo y reescribiendo
-tictaqueando-
la historia de nuestro propio tiempo.



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