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lunes, 21 de enero de 2013




Ya.
Se acabó la noche
y la risa,
el destello lunar
de mi ojo en tu mirada.
Se terminó la noche
y los versos y versículos
escritos en tu espalda
hoy descansan en la nada,
borrados están de tu cuerpo
y cualquier ley de karma.
Se esfumaron
los deseos de un cigarrillo
después de,
y el sabor en mi boca
de tu beso.
Aniquiló todo sentido
el reverso de tu cuerpo
cuando,
con las manos me decías:
la poesía es una de esas pequeñas
excusas, para dejarse querer.
Con ese error de comunicación,
se enfrió toda palabra de consuelo,
y de amor no quedó ni una singular
herida,
sólo la ironía de haber comprendido
que sin un trofeo, difícil sería
apartarte de mi vida.
Dejé entonces
que te llevaras la noche,
la caligrafía de tu partida;
mil versos podridos, que ya no configuran
sentires ni misiles.
Tentativas de despojos, llévatelos
todos,
todos los fuegos, meses,
horas y aromas.
Quizás,
cuando te recuerde,
(algún día)
recuerde también tu boca
y de ella saliendo efímeras,
imprudentes palabras
que demuestren  y muestren
el verdadero rostro
de un emperador de la mentira.


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