Follow by Email

domingo, 18 de enero de 2009

Noches lobas






Lo espero indolente, diciendo una única plegaria, secretísima esfera que se redondea y agiganta en mis manos de infanta florecida, coronada y desnuda ante sus ojos hambrientos de lunas llenas sin menguantes. Lo espero y llega, aúlla, se instala en mi cuerpo, rodean sus colmillos mi cuello, sus garras se apoderan de cualquier voluntad de sobreviviente, me lanza su mirada salvaje y me deja solitaria en medio de los sonidos del amor, entre las humedades y jadeos de la pasión impedida. Deja en mi cuerpo la huella del descalabro; como un huracán devastador, arrasa con mis flores, deshace las coronas y se cuelga a mi plegaria para que vuelva nuevamente a la noche, a los misterios bosquecinos de su mirada, al placer de su cacería, de saberme deseada.



Yo, presa indomable, me entrego a la noche regurgitada, lo espero como se espera a la muerte, recojo flores del césped, me corono de inocente y comienzo otra vez mi plegaria de niña florecida y cosechada, de luna sin menguantes, llena, llenísima de su aliento salvaje en mi espalda.



Imagen: Personal

Se ha producido un error en este gadget.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails