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sábado, 4 de abril de 2009





Me reconozco en tu cuerpo y entre todos los ínfimos espacios que no pueden separarnos en la hora del amor. Soy una flor rodeando la primavera de tu cintura, una figura cualquiera que dobla las esquinas de tus brazos para sostenernos en el abrazo, retorciéndose en paralelo a toda maniobra en tu cuerpo acontecida.
Cortamos cuerdas con los dientes y afilamos el deseo con las uñas. Blasfemamos unas cuantas miradas, quemándonos casi de forma inmediata para seguir con la misa de mi lengua en tu oreja y tu mano excursionando la infinitud de mi espalda.
Me reconozco en tu cuerpo, pues sé que nuestra unión es un mercado indecible de metódicos sonidos y perfectos engranajes. Aún así te pido el vacío en esta noche, un acantilado, al menos, en el cual sustentar esta idea loca de querer perderte.

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