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domingo, 1 de agosto de 2010


A Juan


Ella:


"Déjeme ir como una fugitiva

descalza por el páramo de su mente,
déjeme descansar la mirada
disuelta entre los pliegues
de una prosa insensata e inmaterial.

Quiero ser desde hoy,

exactamente hoy,
sin ayer ni mañana,
una refugiada en la inconciencia
de sus palabras.

Señor, para usted no seré
la niña-ángel
ni la virgen aparecida.

Déjeme ser la mujer
que duda,
tropieza
y luego cae
oscuramente
al abismante vacío
de sus deseos."



Él:

"La dejo irse.
Para que vuelva.

Descalza de los pies,
hasta su todo.

Disuélvase, descanse...
Refúgiese, tropiece.

Pero qué es un deseo,
de mujer, de ángel.

Pero qué es un deseo
El mío, ¿el nuestro?
Si no se embarra en la cama
Desnudo.
Hermosamente,
Todo...

Lodo...


(los finales valen)"



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