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sábado, 30 de mayo de 2009



(Jean Saudek)


La propuesta era la vida. 

Pero yo no.
Yo quise morir embriagada de mi lengua,
atragantada por mi silencio-poema. 
Yo quise morir del primer nacimiento,
de la mano fría y ausente que me acariciaba. 
De la boca que al anochecer
me prendía lunas al pelo;
que adornaba mi cintura
de melancolías pausadas
en un mayo cualquiera,
en una hora cualquiera,
en cualquier soledad acompañada. 
Una sonrisa crispada e incomprendida,
incomprensibles cuencas amotinadas y empecinadas
en negar visiones de luz que se ofrecían 
tangibles, gratuitas, hermosas. 

Sí, la tentación era la vida,
ese verdor alucinado.

Pero no,  yo no,
yo preferí mi altar de bailarinas acéfalas 
prendidas al rojo fuego del vuelo de 
sombras encapuchadas, en donde ya nadie llora.

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