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miércoles, 19 de agosto de 2009

Poética en rojo




La sangre del poema es la voz que crece hueca y vacía una tarde también roja en la mano de una niña crispada de vergüenza por las palabras que un día osó escribir en la orilla de una playa cualquiera y que ya han desaparecido como la historia de los muros de piedras.

Sangra el poema, sangra la noche, y al alba, un sangramiento natural de mi alada infantilidad que se vuela entre ríos de montaña o en la espesa niebla de la madrugada. Sangra esta palabra que se deshoja en sonidos marchitos, malditos que cambian el mundo y no son más, nada más. Sangra, sangra en las alas rotas de un pájaro negro que se baña en espuma y cal para ser más blanco, como se bañan mis voces en la palabra y la palabra en el poema que no es rojo, que no es ni medianamente cierto, pero que igual sangra, y sangra desde adentro, desde el sonido más esencial de su conjugación verbal, que es pureza viva, poderosa fuerza y eterna existencialidad.

¿Dónde, dónde la palabra, la esfinge de tantas miradas? ¿Dónde la palabra quieta, enmascarada bella; dolor de mi dolor, sombra de mi más negra sombra?

¿ Dónde la voz poeta, solitaria estrella que guarece mi casa, la de las palabras muertas?


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