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domingo, 5 de septiembre de 2010

HABÍA UNA VEZ... (NINGÚN CUENTO DE HADAS)





HABÍA UNA VOZ QUE NO SABÍA,
HABÍA UN TECHO, UNA CASA, UNA CAMA
UNA MUJER QUE NO DORMIA
QUE SOÑABA EN SILENCIO
QUE ALGÚN DÍA DESPERTARÍA.
HABÍA UN ESPACIO EN EL QUE NADIE CABÍA.
ERA TAN GRANDE ESE ESPACIO
QUE SE NECESITABA UN SOL PARA COLMARLO
Y VACIARLO DE TODO EN LO QUE EL NO EXISTÍA.

ÉRASE UNA VEZ, TAMBIÉN, UN PUNTO LEJANO,
TAN DISTANCIADO DEL ESPACIO
QUE LA MUJER NO VEÍA.


HABÍA UNA VEZ UNA MUJER,
SU GRAN ESPACIO
Y UN PUNTO CIEGO Y LEJANO PARA ELLA.
PERO ALGO MÁS HABÍA:
UN PUENTE CON EL QUE SOÑABA A DIARIO,
UN BRAZO DE LUZ QUE A MEDIDA QUE SE ACERCABA
COMPLETABA SU ESPACIO
Y QUE LA TENTABA A ABRIR SUS OJOS CERRADOS.


LA MUJER CRUZÓ EL PUENTE,
SE ABRIERON SUS OJOS ANTES CLAUSURADOS,
DESPERTABA POR FIN DE SU ENSUEÑO FUGAZ
EN EL QUE HABÍA HABITADO…
EL CUENTO DE HADAS SE HABIA TERMINADO
PORQUE UN GRAN SOL COMPLETÓ AL FIN
TODOS SUS ESPACIOS.


HABÍA UNA VEZ UNA CASA, UNA MUJER
Y UNA CAMA.
ESTABA LA MUJER, SOÑANDO CON UN PUENTE
CUANDO UNA RISA INTERNA LUMINOSA Y CÁLIDA
LE SUSURRÓ AL OÍDO
“DESPIERTA”, YA HA LLEGADO EL DÍA.
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