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domingo, 17 de julio de 2011


A Alejandra


Te extraño Alejandra y a tu centro

entre nombres de muñeca y humana:

cabellos negros, mirada negra;

rostro de porcelana en frío

y el plumaje más fiero para llegar

hasta donde querías,

al centro en donde habitabas.

(Lo más negro de la existencia

entre tus nombres era)

La jaula del mal augurio

secretamente se te abría

en la pesadilla de nombrarte,

de escucharte en tus sonidos de

niña – pájara,

muñeca-poeta-humana

nombres irreconocibles, irreconciliables,

animaciones de ti misma

que sólo en tu lenguaje existían.

(En lo más negro de la palabra serías)

Desde el centro viajaste en tu barco blanco

cortando al viento con silencio de muerte en vida,

hasta encontrarte allá,

en la otra orilla,

en donde las cicatrices que dejó

en tí el amordazado tiempo

de huesos rotos y venas vacías;

rojas estrangulaciones a tus nombres

para cometer el silencio y el poema

entre los que siempre estuviste y estarás tú,

Alejandra.

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